En nuestra experiencia, el primer paso para vivir con mayor conciencia y coherencia es el arte de autoobservarnos. Nadie nos enseñó de niños a mirar, sin juicio, lo que ocurre dentro. Por eso, hoy más que nunca, nos parece necesario recuperar y actualizar esta capacidad.
¿Por qué la autoobservación cambia la manera en que nos relacionamos con la vida?
Hemos comprobado, tanto en entornos personales como profesionales, que la autoobservación transforma no solo el modo en que sentimos y pensamos, sino también la calidad de nuestras decisiones. Dejar de actuar en piloto automático es abrir la puerta a nuevas posibilidades.
Notar lo que sentimos antes de reaccionar es un acto revolucionario.
Porque al observarnos sin buscar culpables ni excusas, aprendemos a reconocer qué nos mueve realmente. No se trata de juzgarnos o corregirnos, sino de comprendernos. De ver los propios pensamientos, emociones y comportamientos como información valiosa.
Qué es la autoobservación en la práctica
A diferencia de la simple introspección, la autoobservación implica presencia plena. Es esa capacidad de estar atentos, en tiempo real, a lo que ocurre en nuestro interior y en la relación con los demás.
Para nosotros, practicar la autoobservación comienza por:
- Detectar los estados emocionales apenas surgen, sin reprimirlos ni actuar por impulso.
- Registrar pensamientos automáticos y creencias habituales, pero sin identificarse totalmente con ellos.
- Observar el cuerpo: posturas, tensiones, sensaciones físicas que acompañan cada emoción.
- Identificar cambios en la respiración mientras ocurre alguna situación desafiante.
Requiere de honestidad. Y de paciencia. No buscamos perfección, sino claridad.
Los enemigos sutiles de la autoobservación
En nuestras consultas y talleres, hemos encontrado algunos obstáculos frecuentes que frenan el desarrollo de la autoobservación. El primero es el juicio interno. Cuando intentamos observarnos, aparece la tendencia a calificarnos: "no debería sentir esto", "esto está mal", "ya debería haber superado esta reacción". Así, la mirada se nubla.
Otro obstáculo es la prisa. Queremos resultados inmediatos. Pero la autoobservación es un aprendizaje progresivo, una habilidad que se afina con el tiempo y la práctica.
Por último, nos distrae el hábito de poner la atención afuera: en lo que hacen los demás, en lo que no puedo controlar, en lo urgente. Eso nos aleja de la fuente de nuestro verdadero cambio: nosotros mismos.
¿Cómo empezar a autoobservarse?: pasos concretos
En nuestra trayectoria, diseñamos un esquema claro para quienes desean empezar ahora mismo. De forma simple, sugerimos seguir tres pasos:
- Detenerse: Ante cualquier emoción fuerte, detengámonos un segundo. Respiremos.
- Registrar: Miremos dentro. ¿Qué siento? ¿Dónde lo percibo en el cuerpo? ¿Qué pensamiento lo acompaña?
- Nombrar sin juzgar: Le ponemos nombre a eso que surge. “Siento ira”, “percibo tensión”, “pienso que no soy suficiente”. Observamos, eso es todo.

En nuestra opinión, estos tres pasos forman una base accesible para cultivar la autoobservación diaria. Al principio, parece pequeño; con el tiempo, se convierte en un pilar transformador.
La autoobservación como puente hacia la conciencia integrada
Uno de los grandes descubrimientos que compartimos, fue notar que autoobservarse no es un fin. Es el medio por excelencia para alcanzar una conciencia más integrada. Al observarnos, aparecen capas internas que antes estaban ocultas.
Por ejemplo, detrás de un enojo habitual, suele existir una tristeza no expresada o una necesidad postergada. Sin la práctica de la autoobservación, esa información pasa desapercibida, y seguimos reaccionando como siempre.
En cambio, cuando nos autoobservamos de verdad, generamos espacio interior. Un espacio entre el estímulo y la respuesta. Ese espacio permite elegir, y no solo reaccionar.
La autoobservación es el inicio de una libertad real.
El impacto en nuestras relaciones y entornos
En nuestras conversaciones con líderes, educadores y familias, vimos una constante: quienes desarrollan la autoobservación influyen de modo más positivo y auténtico en su entorno. ¿Por qué? Porque logran reconocer cómo sus estados internos afectan la comunicación y la toma de decisiones.
- Se comunican con claridad, incluso ante conflictos.
- Reconocen sus límites y cuidan sus necesidades antes de desbordarse.
- Evitan caer tan fácilmente en patrones reactivos.
- Mejoran la convivencia y la colaboración.
No se trata de controlar las emociones, sino de hacerse responsables de su impacto.

Autoobservación y madurez emocional: un camino conjunto
A lo largo de nuestra práctica, notamos que la autoobservación no solo aumenta la conciencia, también potencia la madurez emocional. Cuando vemos con claridad lo que sentimos y cómo actuamos, estamos en condiciones reales de integrar nuestras emociones y aprender de ellas.
Madurar implica dejar de culpar a los demás o a las circunstancias por lo que sentimos. Significa asumir nuestra experiencia interna, sin negarla y sin temor. Eso solo es posible con autoobservación constante y honesta.
El rol de la autoobservación en el cambio consciente
Siempre decimos que cambiar un hábito, una emoción o un patrón requiere, antes que nada, observarlo tal como es. Sin esa atención, cualquier intento de cambio será superficial y pasajero.
La autoobservación permite visibilizar la raíz de nuestros patrones: creencias, miedos, expectativas, deseos. Nos volvemos protagonistas de nuestro aprendizaje. Dejamos de esperar que el entorno cambie para sentirnos distintos y nos enfocamos en lo que sí podemos transformar.
Conclusión
En nuestra mirada, la autoobservación es una práctica diaria que nos conecta con quienes realmente somos. No es una técnica pasajera ni exige años de estudio. Es un modo de estar presentes, atentos y responsables de nuestro impacto en el propio bienestar y en el mundo.
Al practicar la autoobservación, abrimos puertas a una vida más coherente, a relaciones más sanas y a decisiones más alineadas con nuestros valores. Si queremos vivir con sentido, la invitación es clara: comencemos por mirarnos con honestidad.
Preguntas frecuentes sobre autoobservación marquesiana
¿Qué es la autoobservación marquesiana?
La autoobservación marquesiana es la capacidad de atender y registrar, sin juicio ni reacción automática, los propios estados internos: pensamientos, emociones y sensaciones corporales. Es una práctica enfocada en el presente, que busca integrar la experiencia emocional, cognitiva y somática para generar más claridad y coherencia en nuestra vida cotidiana.
¿Cómo se practica la autoobservación?
Practicamos la autoobservación deteniéndonos unos instantes para identificar qué sentimos o pensamos en una situación determinada. Prestamos atención a la emoción, al cuerpo y a los pensamientos, nombrándolos de manera honesta y sin juzgarnos. Este acto, repetido con constancia, fortalece la presencia y permite responder de forma más consciente.
¿Cuáles son los beneficios de la autoobservación?
Entre los principales beneficios se encuentran el aumento de la autoconsciencia, la regulación emocional, la mejora en la toma de decisiones y la capacidad de cambiar hábitos reactivos por respuestas más alineadas con nuestros valores. Con la práctica de la autoobservación, mejoramos la calidad de nuestras relaciones y la conexión con nuestro propósito personal.
¿Para quién es útil la autoobservación?
Consideramos que la autoobservación es útil para cualquier persona que desee vivir con mayor presencia, claridad y responsabilidad. Tanto adultos como jóvenes pueden beneficiarse, especialmente quienes buscan mejorar relaciones, liderar equipos, cuidar su salud mental o afrontar cambios personales.
¿La autoobservación mejora la conciencia personal?
Sin duda, la autoobservación fortalece y expande la conciencia personal. Nos ayuda a reconocer patrones automáticos, tomar distancia de reacciones impulsivas y actuar en coherencia con lo que realmente valoramos. Es una herramienta clave para profundizar en el autoconocimiento y vivir con mayor autenticidad.
